viernes, 13 de diciembre de 2013

Domingo García-Marzá: "Es necesario invertir en una RTVV realmente independiente y democrática"


Tras la polémica suscitada por el cierre de Canal 9, Claustre Obert, el espacio de debate promovido por la Universitat de València y el diario EL PAÍS, reflexionó desde la ética, la antropología, la lingüística, la economía, la política y la historia, sobre las perspectivas de futuro del ente público valenciano.

Nadie defendió el funcionamiento “pervertido” de los últimos años de la radio y la televisión públicas valencianas, pero todos abogaron por su continuidad mediante la asunción de otro modelo, dimensionado, democrático y plural. El fin de las emisiones de RTVV supone una desinversión de futuro en un sector estratégico de creatividad como el del audiovisual. Es el desmontaje de un medio público para beneficiar a otros privados. Es el reflejo de una política que se compadece mal con la realidad de la Comunidad Valenciana. Es la dejación de una educación en valores que la televisión debería promover. Es la culminación de la incompetencia y la estupidez.

Estas fueron algunas ideas fuerza apuntadas en el encuentro en el que también se habló mucho de política. En la mesa de intervinientes se dieron cita Josepa Cucó, catedrática de Antropología; Ángel López, catedrático de Lingüística General; Joan Romero, catedrático de Geografía Humana, y Vicent Soler, decano de la Facultad de Economía, todos ellos de la Universitat de València; y Domingo García Marzá, catedrático de Ética de la Universitat Jaume I de Castellón. El debate estuvo moderado por el delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana, Josep Torrent, y presentado por el rector Esteban Morcillo. Sentada entre el público, estaba la exdirectora general de RTVV, Rosa Vidal, que dimitió de su cargo cuando la Generalitat tomó la decisión de cierre.

Josepa Cucó resaltó “la conjunción de factores que han producido una mudanza corruptora del País Valenciano pervirtiendo su tejido económico, cultural y social”. Angel López planteó si el cierre de RTVV no responde a una estrategia planificada que pasaba “por el hundimiento hace años de Canal 9”, ahuyentando a los jóvenes, que no sienten ningún interés por la programación y por el valenciano. Domingo García Marzá propugnó una televisión realmente “independiente y democrática”, en la que los políticos tengan una participación muy minoritaria. Vicent Soler analizó el fuerte impacto económico del cierre, con el mayor ERE de la Comunidad Valenciana y lamentó la desinversión de futuro. Joan Romero postuló que otra televisión es posible y señaló que el fin de RTVV “no es más que una muestra de tanto desgobierno, de tanto robo, de tanto despilfarro, de tanta inmoralidad, de tanta corrupción, de tanta incompetencia, de tanta estupidez”.

Domingo García-Marzá centró su intervención en el diseño institucional; es decir, en "cómo pensar instituciones –en este caso una televisión pública valenciana- que sean responsables, que sean capaces de responder delante de la opinión pública de aquello que las justifica y las legitima", puesto que de ello depende tanto su existencia como su potencialidad. Desde esta perspectiva, García-Marzá aseveró que es necesario un medio de comunicación audiovisual valenciano por tres razones básicas: por su poder para conformar una cultura democrática y una opinión pública activa y responsable; por su influencia en la cultura, con una lengua y una identidad propia que ha costado mucho vertebral; y, finalmente, por su papel educativo. Por todo ello, García-Marzá argumentó que una inversión de futuro es una inversión en una televisión pública independiente y democrática capaz de fomentar una ciudadanía participativa.











Fuente: El País


martes, 3 de diciembre de 2013

Ética y neurociencias. La aportación a la política, la economía y la educación

Las neurociencias han logrado alcanzar en los últimos años una evidente preponderancia en el ámbito de la investigación científica. La expectación levantada por los avances en neuroimagen, por el hecho de que podemos ya «visualizar» la actividad del cerebro, sumada a la seducción y al magnetismo derivados de su posible manipulación y control, han convertido las neurociencias en un nuevo marco o modelo a seguir para el resto de saberes en cualquier dimensión de la actividad humana. Tanto es así que estamos asistiendo a un auténtico «giro neurocéntrico», más aún, al nacimiento de la «era de la neurociencia» en la que se consolidan nuevas disciplinas que llevan el prefijo neuro-.


Este colectivo pretende examinar desde una perspectiva crítica el avance y los beneficios que aportan las neurociencias en los campos de la ética, la política, la economía y la educación. El objetivo consiste en ahondar en las nuevas posibilidades que ofrecen las neurociencias sin caer en un reduccionismo cientificista. De esta manera, las contribuciones, tanto nacionales como internacionales, que componen este libro buscan ofrecer un conocimiento capaz de fomentar un diálogo interdisciplinar que integre los avances ofrecidos por las neurociencias en la filosofía práctica.

Más información: http://www.tenda.uji.es/pls/iglu/!GCPPA00.GCPPR0002?id_art=1302&lg=CA



martes, 29 de octubre de 2013

Ética crítica para un mundo complejo

Elsa González, 29 de octubre de 2013
La demanda de una reflexión crítica sobre nuestra realidad social, institucional y organizacional no ha dejado de crecer con la entrada en el nuevo siglo. Más bien podemos decir que ésta se ha acentuado no sólo con la petición de análisis interdisciplinares serenos, profundos y rigurosos sino también con la exigencia de orientaciones críticas y plausibles con las que hacer posible de éste un mundo a la altura de las más altas expectativas humanas. Por tanto, como se mostrará a lo largo de estas páginas, que se abran caminos para una auténtica transformación que hagan posible la justicia y la igualdad global.

Con este colectivo, Ética y Gobernanza: un cosmopolitismo para el siglo XXI, se pretende abordar desde una perspectiva ético-política crítica el concepto y desarrollo de la gobernanza así como de los diferentes ámbitos que la configuran en el siglo XXI. Mostrando argumentativamente que lo que está exigiendo a gritos la gobernanza cosmopolita es una ética ciudadana, de las instituciones y de las organizaciones, que nazca de una razón pública deliberativa y que sea capaz luego de volver a orientar el quehacer cotidiano de las instituciones, organizaciones y ciudadanos.

La pregunta que se haga el lector podría ser la siguiente: ¿por qué la gobernanza y no otra categoría como la ciudadanía, el estado, la sociedad civil, las instituciones o las organizaciones privadas? La razón estriba principalmente en que la gobernanza surge en buena medida como respuesta a los problemas de gobernabilidad que estaban enfrentando los Estados-nación y se presenta como una forma de acción colectiva entre las instituciones, las organizaciones y la ciudadanía desde tres ámbitos: el político, el empresarial y el de la sociedad civil. Por tanto, parecía fundamental abordar desde una perspectiva ética qué puede dar de sí esta respuesta que comenzó a darse a mediados de los años noventa y que ya posee un amplio recorrido a sus espaldas. No existen hasta el momento estudios similares al que se plantea y desarrolla la presente obra, lo cual en sí mismo ya es un reto.

Quizás los principales desafíos a los que nos enfrentamos son que las respuestas que se den a los grandes problemas sociales no pueden venir de un enfoque político anclado en la territorialidad sino en enfoques que contemplen al menos tres aspectos. En primer lugar, la entrada de numerosos actores con capacidad de tomar decisiones o de influir en ellas, que no han tenido que pasar necesariamente por la legitimidad democrática. En segundo lugar, la coordinación de intereses y la generación de acción conjunta requieren de una orientación ética compartida que se ha de convertir en exigencia en todos los procesos de acciones colectivas. Esta orientación ética toma la forma de los principios de inclusión, reconocimiento y publicidad. Y en tercer lugar, tiene la aspiración de alcanzar una justicia cosmopolita de carácter moral a través de la acción concertada entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil. Estas tres preocupaciones están detrás de cada uno de los capítulos que se presentan en esta obra que pretende ser una reflexión orientadora sobre ellos.

Esta reflexión crítica de las instituciones, de las organizaciones y de la ciudadanía se ha estructurado en tres partes que contienen siete trabajos inéditos. En la primera parte, se ofrece a través de los trabajos de Elsa González Esteban, Domingo García-Marzá y Jesús Conill, una perspectiva ética de la gobernanza a través de tres categorías: el cosmopolitismo, el diseño institucional y la justicia global. Se pretende mostrar en esta parte, por un lado, que la gobernanza en sentido cosmopolita y no sólo la gobernanza política es la que va a permitir comenzar a diseñar una ética pública que cuente con y esté al servicio de las instituciones, las organizaciones y la ciudadanía. En segundo lugar, que su desarrollo tiene que contar con un diseño ético de las instituciones cuya propuesta se explicita. Y, en tercer lugar, que frente a diferentes modelos de justicia global a los que podría tender la gobernanza es necesario que ésta sea de carácter moral y luego político e institucional.

En la segunda parte, la obra se centra en dos actores desde los que generar gobernanza en sentido ético: sociedad civil y ciudadanía. Los trabajos de Ramón A. Feenstra, Sonia Reverter Bañón y Carmen Ferrete Sarria muestran las últimas tendencias desde la gobernanza de la sociedad civil, el género y la educación cívica. El desarrollo de una gobernanza cosmopolita tendente hacia la consecución de la justicia global requiere como se mostrará críticamente en estos tres trabajos de la acción de los agentes e instituciones de la sociedad civil que cooperen en la definición de los caminos a seguir en la concreción de los objetivos comunes. Y en este camino merece una consideración especial la consecución de una transformación igualitaria de la realidad social y una formación y educación cívica cosmopolita. La primera, porque sin dicha transformación el cosmopolitismo que en esta obra se defiende sería irrealizable y, la segunda porque sin una formación que empodere y capacite es prácticamente imposible para algunos actores entrar en las relaciones de gobernanza sin estar en situación de inferioridad.

Finalmente, en la tercera parte, el artículo de John Keane nos ofrece una comprensión de la realidad actual democrática a través de una nueva categoría como es la monitorización que se lleva a cabo desde la sociedad civil a través de la nueva galaxia mediática. Desde aquí asistimos a un componente ético de escrutinio y demanda de rendición de cuentas que sin duda alguna es uno de los temas más acuciantes en las manifestaciones de gobernanza actuales. Poner al servicio de la construcción de una gobernanza cosmopolita los elementos de esta monitorización de la democracia es, sin duda alguna, uno de los retos con los que nos enfrentamos en la actualidad.

Con este estudio por tanto se ha querido avanzar en el conocimiento de la gobernanza más allá de las discusiones y las propuestas que se plantean especialmente desde los ámbitos de la economía, la ciencia política, la sociología, la teoría del diseño institucional, la teoría del desarrollo, la perspectiva feminista, la teoría de las relaciones internacionales, y la educación ciudadana. En definitiva, se ha pretendido abordar tales terrenos desde una perspectiva ética que sitúe la gobernanza al servicio de la transformación ética de las instituciones, de las organizaciones y de los ciudadanos. Buscando al mismo tiempo siempre un diálogo interdisciplinar.

El desarrollo de los trabajos de investigación aquí presentes así como los estudios y las conferencias previas donde se han podido discutir partes de estas propuestas han recibido el apoyo de financiación del Proyecto de Investigación «La responsabilidad social de las organizaciones enun marco global: claves ético-filosóficas de una gobernanza cosmopolita» (P1-1A2007-08) y del Proyecto de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, «Aportación de la neuroeconomía a la dimensión ética del diseñoinstitucional» (FFI2010-21639-C02-02), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y con Fondos FEDER de la Unión Europea, así como de la Generalitat Valenciana a través de las actividades del grupo de investigación de excelencia PROMETEO/2009/085.

Las páginas de este libro, pues, son el resultado de la cooperación de una investigación comprometida con el desarrollo de una gobernanza cosmopolita para el siglo XXI y que pretende aportar visiones con pretensión transformadora de la realidad actual institucional, organizacional y ciudadana. Y donde cuatro instituciones han mostrado que se puede y debe trabajar conjuntamente para que sea posible el avance en propuestas críticas y orientadoras: Universitat Jaume I, Universitat de València, Fundación ÉTNOR y University of Sydney.

Elsa González Esteban
Profesora titular de ética
Universitat Jaume I



jueves, 17 de octubre de 2013

La interculturalidad en el diálogo: estudios filosóficos

El Departamento de Filosofía y Sociología de la Universitat Jaume I, a través de las profesoras Irene Comins y Sonia París, está organizando el XI Congreso Internacional de Antropología Filosófica "La interculturalidad en el diálogo: estudios filosóficos".

El Congreso, que acaba de lanzar el call for papers, tendrá lugar en la Universitat Jaume I de Castellón entre el 14 y el 16 de mayo de 2014. Aquellas personas que deseen participar mediante una comunicación, deben enviar su propuesta (de no más de 8 páginas) al correo de la Secretaría del Congreso: interculturalidad@uji.es










viernes, 11 de octubre de 2013

Bienes relacionales y recursos morales. Una relación necesaria


Patrici Calvo, 11/10/2013
La publicación de ‘Oxytocin Increases Trust in Human’ (Kosfeld et al., 2005) mostró empíricamente lo que muchos filósofos, economistas y sociólogos han defendido durante décadas: la ‘confianza’ se halla detrás del éxito o fracaso de las relaciones interpersonales, incluso en contextos altamente competitivos como los económicos. Sobre todo porque un aumento en los niveles de confianza entre agentes genera que éstos asuman mayores riesgos a hora de cooperar, aun cuando no exista ningún tipo de coerción externa que garantice los acuerdos y controle los procesos a lo largo del tiempo. Un hecho que minimiza los costes de transacción y posibilita una mayor sostenibilidad de la actividad.

Precisamente, durante los últimos veinticinco años la Università di Bologna ha estado llevando a cabo un estudio interdisciplinar sobre lo que consideran uno de los mecanismos de cohesión y coordinación de la acción genuinos y más importantes de la sociedad civil: los “bienes relacionales”, un capital intangible cuyas especiales características mantienen una gran similitud con el concepto de ‘recursos morales’ trabajado desde la Universitat Jaume I de Castellón entre otras.

El término ‘bienes relacionales’ fue acuñado por primera vez por la filósofa Martha Nussbaum a través de sus estudios sobre Aristóteles en The Fragility of Goodness: Luck and Ethics in Greek Tragedy and Philosophy (1986), pero desarrollado al mismo tiempo por la propia Nussbaum, el sociólogo Pierpaolo Donati, el economista Benetto Gui y la politóloga Carole Uhlaner. Nussbaum entiende por ‘bienes relacionales’ aquellas “experiencias humanas en las que el bien es la relación por sí misma”; como puede ser la confianza, la reciprocidad, la amistad, la participación democrática o el compromiso civil, formas específicas de bienes que nacen y mueren con la relación y que permiten el establecimiento de interacciones estables entre instituciones, organizaciones, empresas o agentes económicos. De esta forma, los ‘bienes relacionales’ mantienen ciertas características que lo convierten en un tipo de capital social especial: a) nacen y mueren en la relación misma; b) no pueden ser instrumentalizados; c) son intangibles; d) crecen con el uso; y e) permiten a las instituciones, organizaciones, empresas y agentes económicos llevar a cabo diferentes acciones para satisfacer objetivos comunes.

Desde su aparición, los ‘bienes relacionales’ han sido trabajados con el objetivo de intentar dar respuesta a los nuevos desafíos del desarrollo económico, social y humano del siglo XXI. Precisamente, muchos de estos trabajos han detectado que la falta de una correcta generación y potenciación de este tipo de bienes es la principal causa de la actual insostenibilidad del mercado y la sociedad, así como de las instituciones, organizaciones y empresas implicadas. Al haberse forjado ambas esferas desde los supuestos beneficios del individualismo, han generado un déficit de relacionalidad que ha limitado tanto el desarrollo económico como social y humano.

Por otro lado, el término ‘recursos morales’ fue acuñado por el economista alemán Albert O. Hirschman en “Against parsimony: Three Easy Ways of Complicating some Categories of Economic Discourse”, y trabajado conceptualmente por el propio Hirschman, por los sociólogos alemanes Karl Offe y Ulrich K. Preuss, y por el filósofo español Domingo García-Marzá entre otros.

De sus estudios subyace la idea de un tipo de recurso que se encuentra estrechamente vinculado con nuestras expectativas sobre a) la experiencia y el conocimiento sobre la continuidad del orden natural y social; b) la competencia y las habilidades y capacidades técnicas de los agentes y las instituciones, organizaciones y empresas vinculadas; c) los intereses en juego de los demás. De ahí que, como argumenta García-Marzá, tras la reconstrucción de las condiciones de posibilidad que subyacen a toda relación de confianza, este tipo especial de ‘capital social’ emerge como un ‘recurso moral’, mostrando la función social que puede cumplir la ética en los diferentes campos de actividad humana. Es decir, se explicita como un ‘recurso’ porque permite a los agentes llevar a cabo diferentes acciones gracias, en parte, a que posibilita el establecimiento de relaciones interpersonales y la coordinación de sus propios objetivos con los objetivos de las otros agentes implicados con los planes de los demás agentes económicos, ya sean particulares o colectivos. Y se muestra como ‘moral’ porque no sólo se deja asesorar por lo convencional, por creencias, valores y normas compartidos por una determinada comunidad, sino, y por encima de todo, por la razón práctica, por la capacidad humana de dejarse orientar por juicios morales.

Desde mi punto de vista, no se trata de dos formas diferentes de capital social. Aunque los bienes relacionales se preocupan principalmente de cómo lograr la felicidad o autorrealización de las personas, de ellos subyace la misma estructura comunicativa que caracteriza todo recurso moral. Y aunque los recursos morales se centran especialmente en cuáles son las condiciones de posibilidad de su generación y potenciación, no por ello dan la espalda a los máximos de felicidad de las sociedades y sus ciudadanos. Desde una ética pública cívica como la que defiende Adela Cortina, máximos de felicidad y mínimos de justicia son dos caras de la misma moneda. Los máximos, por cuyo desarrollo se preocupan los bienes relacionales, se constituyen firmemente desde los mínimos de justicia de las sociedades maduras, aquellas con un nivel post-convencional de desarrollo moral. Mientras que los mínimos, por cuyo desarrollo se preocupan los recursos morales, se alimentan y actualizan desde los máximos de felicidad de las sociedades. Por consiguiente, felicidad y justicia van de la mano. La una motiva y enriquece, la otra justifica y legitima.